Vigilia de Pascua

GUÍA PARA SEGUIR LA VIGILIA PASCUAL 

La celebración de la Vigilia Pascual se estructura en cuatro partes bien diferenciadas que nos permite seguirla con facilidad, aunque la celebración de este año, debido a la crisis sanitaria, es un poco diferente. Ofrecemos a continuación una guía para poder participar en esta liturgia solemne de esta noche.

El Lucernario

El Lucernario suele comenzar con la bendición del fuego en el atrio de la Iglesia. Esta parte se omite en este año y comenzamos ya desde el presbiterio. Allí el sacerdote pronuncia una monición invitando a celebrar juntos esta Vigilia. 

Después bendice el cirio pascual, signo de la presencia de Cristo resucitado en medio de la Iglesia y el mundo y lo enciende. Entonces, lo coloca en el sitio preparado y lo inciensa.

A continuación se proclama el Pregón Pascual. Es un poema de gran belleza y gran antigüedad que canta las alabanzas a Dios por el misterio de la resurrección del Señor Jesús. 

La Liturgia de la Palabra

Acabado el Pregón Pascual, comienza la Liturgia de la Palabra. Su sentido está explicado en la monición con se inicia normalmente: 

Queridos hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo, en el avance continuo de la historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mun- do a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombre. Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo. 

A continuación, se proclaman las lecturas. La liturgia prevé la lectura de hasta siete lecturas del Antiguo Testamento. Cada parroquia es posible que escoja un número de lecturas diferentes (serán al menos tres) o que las elegidas sean diferentes (nunca se puede omitir la lectura del Éxodo). En todo caso, cada lectura va acompañada de su salmo responsorial correspondiente y una oración del sacerdote. Aquí proponemos todas las lecturas de manera que puedan meditarse o incluso ser proclamadas por los miembros d ella familia, durante la celebración.

PRIMERA LECTURA 
Lectura del libro del Génesis Gn 1, 1-2, 2 
Vio Dios lodo lo que había hecho, y era muy bueno

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. 

Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche». 

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

Y dijo Dios: 

«Exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas». 

E hizo Dios el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento. 

Y así fue. Llamó Dios al firmamento «cielo». 

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. 

Dijo Dios: «Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezca lo seco».  Y así fue. 

Llamó Dios a lo seco «tierra», y a la masa de las aguas llamó «mar».

Y vio Dios que era bueno. 

Dijo Dios:«Cúbrase la tierra de verdor, de hierba verde que engendre semilla, y de árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra». Y así fue. 

La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno. 

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

Dijo Dios:«Existan lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años, y sirvan de lumbreras en el firmamento del cielo, para iluminar sobre la tierra». Y así fue. 

E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche y para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. 

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto. 

Dijo Dios:«Bullan las aguas de seres vivientes, y vuelen los pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo». Y creó Dios los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan y que las aguas fueron produciendo según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. 

Luego los bendijo Dios, diciendo:«Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra». 

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. 

Dijo Dios: «Produzca la tierra seres vivientes según sus especies: ganados, reptiles y fieras según sus especies». Y así fue. 

E hizo Dios las fieras según sus especies, los ganados según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. 

Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». 

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. Dios los bendijo; y les dijo Dios:«Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra». 

Y dijo Dios:«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira». Y así fue. 

Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. 

Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo. Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho. 

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial  Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R∫.: Cf. 30) 

R/. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. 

V/. Bendice, alma mía, al Señor;
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/. 

V/. Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas. R/. 

V/. De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. R/. 

V/. Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda; 

haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. R/. 

V/. Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor! R/. 

SEGUNDA LECTURA
 Lectura del libro del Génesis Gn 22, 1-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe 

Lectura del libro del Génesis 

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: «¡Abrahán!». 

Él respondió: «Aquí estoy».
Dios dijo: «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holo- causto en uno de los montes que yo te indicaré». 

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. 

Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio desde lejos. Abrahán dijo a sus criados: 

«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros». 

Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cu- chillo. Los dos caminaban juntos. 

Isaac dijo a Abrahán, su padre: «Padre». 

Él respondió: «Aquí estoy, hijo mío».
El muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». 

Abrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron caminando juntos. 

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!». 

Él contestó: «Aquí estoy». 

El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo». 

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 

Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto». 

El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz». 

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial  Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R/.: 1)

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. 

V/. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

V/. Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/. 

V/. Me enseñarás el sendero de la vida, 

me saciaras de gozo en tu presencia, 

de alegría perpetua a tu derecha. R/. 

TERCERA LECTURA 
Lectura del libro del Éxodo Ex 14, 15—15, 1a
 Los israelitas en medio del mar a pie enjuto 

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:
«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, alza tu ca- yado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes». 

Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube, que iba delante de ellos, se desplazó y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. La nube era tenebrosa y transcu- rrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro. Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del Este que sopló toda la noche; el mar se secó y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos, en medio del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes. 

Era ya la vigilia matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército egipcio. Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente. 

Los egipcios dijeron:
«Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto».
Luego dijo el Señor a Moisés:
«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes». Moisés extendió su mano sobre el mar; y al despuntar el día el mar recobró su estado natural, de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas. Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar. 

Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del faraón, que había entra- do en el mar. Ni uno solo se salvó. 

Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto, e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor había desplegado contra los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. 

Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al Señor: 

Salmo responsorial Éx 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R/.: la) 

R/. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria. 

V/. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria, 

caballos y carros ha arrojado en el mar. 

Mi fuerza y mi poder es el Señor,
Él fue mi salvación. 

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R/. 

V/. El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R/. 

V/. Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es magnífica en poder, 

tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R/. 

V/. Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad, 

lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R/. 

CUARTA LECTURA 
Lectura del libro de Isaías Is 54, 5-14
Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor 

Quien te desposa es tu Hacedor:
su nombre es Señor todopoderoso.
Tu libertador es el Santo de Israel:
se llama «Dios de toda la tierra». 

Como a mujer abandonada y abatida te llama el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada —dice tu Dios—.
Por un instante te abandoné,

pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira,
por un instante te escondí mi rostro, pero con amor eterno te quiero —dice el Señor, tu libertador—.
Me sucede como en los días de Noé: juré que las aguas de Noé
no volverían a cubrir la tierra;
así juro no irritarme contra ti
ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen
y vacilaran las colinas,
no cambiaría mi amor,
ni vacilaría mi alianza de paz 

—dice el Señor que te quiere—.
¡Ciudad afligida, azotada por el viento,
a quien nadie consuela!
Mira, yo mismo asiento tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros;
haré tus almenas de rubí,
tus puertas de esmeralda,
y de piedras preciosas tus bastiones.
Tus hijos serán discípulos del Señor,
gozarán de gran prosperidad tus constructores. Tendrás tu fundamento en la justicia:
lejos de la opresión, no tendrás que temer;
lejos del terror, que no se acercará.
Palabra de Dios. 

Salmo responsorial. Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b(R/.: 2a)

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. 

V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. 

Señor, sacaste mi vida del abismo,
y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/. 

V/. Tañed para el Señor, fieles suyos, 

dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida; 

al atardecer nos visita el llanto; 

por la mañana, el júbilo. R/. 

V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/. 

QUINTA LECTURA
Lectura del libro de Isaías Is 55, 1-11
Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua 

Esto dice el Señor:
«Sedientos todos, acudid por agua,
venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David:
lo hice mi testigo para los pueblos,
guía y soberano de naciones.
Tú llamarás a un pueblo desconocido,
un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; porque el Señor tu Dios,
el Santo de Israel te glorifica.
Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca.
Que el malvado abandone su camino,
y el malhechor sus planes;
que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—.
Cuanto dista el cielo de la tierra,
así distan mis caminos de los vuestros,
y mis planes de vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, 

y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come, 

así será la palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo. 

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R/.: 3) 

R/. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. 

V/. El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R/. 

V/. Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso. R/. 

V/. Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» R/. 

SEXTA LECTURA 
Lectura del libro de Baruc Bar 3, 9-15. 31-4, 4 
Caminad a la claridad del resplandor del Señor 

Escucha, Israel, mandatos de vida; 

presta oídos y aprende prudencia. 

¿Cuál es la razón, Israel, de que sigas en país enemigo, 

envejeciendo en tierra extranjera;

de que te crean un ser contaminado, 

un muerto habitante del Abismo? 

¡Abandonaste la fuente de la sabiduría! 

Si hubieras seguido el camino de Dios, 

habitarías en paz para siempre. 

Aprende dónde está la prudencia, 

dónde el valor y la inteligencia, 

dónde una larga vida, la luz de los ojos y la paz.

¿Quién encontró su lugar
o tuvo acceso a sus tesoros?
El que todo lo sabe la conoce,
la ha examinado y la penetra;
el que creó la tierra para siempre
y la llenó de animales cuadrúpedos;
el que envía la luz y le obedece,
la llama y acude temblorosa;
a los astros que velan gozosos
arriba en sus puestos de guardia,
los llama, y responden: «Presentes»,
y brillan gozosos para su Creador. Este es nuestro Dios,
y no hay quien se le pueda comparar; rastreó el camino de la inteligencia
y se lo enseñó a su hijo, Jacob,
se lo mostró a su amado, Israel. Después apareció en el mundo
y vivió en medio de los hombres.
Es el libro de los mandatos de Dios,
la ley de validez eterna:
los que la guarden vivirán;
los que la abandonen morirán. Vuélvete, Jacob, a recibirla,
camina al resplandor de su luz;
no entregues a otros tu gloria,
ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel,
que conocemos lo que agrada al Señor! 

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R/.: Jn 6, 68) 

R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna. 

V/. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel 

e instruye al ignorante. R/. 

V/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

V/. La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R/. 

V/. Más preciosos que el oro, más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

SÉPTIMA LECTURA 
Lectura de la profecía de Ezequiel Ez 36, 16-28
Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo 

Me vino esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, la casa de Israel profanó 

con su conducta y sus acciones;
la tierra en que habitaba.
Me enfurecí contra ellos,
por la sangre que habían derramado en el país, 

y por haberlo profanado con sus ídolos. 

Los dispersé por las naciones,
y anduvieron dispersos por diversos países.
Los he juzgado según su conducta y sus acciones. 

Al llegar a las diversas naciones,
profanaron mi santo nombre,
ya que de ellos se decía:
“Estos son el pueblo del Señor
y han debido abandonar su tierra”.
Así que tuve que defender mi santo nombre, 

profanado por la casa de Israel
entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di a la casa de Israel:
“Esto dice el Señor Dios:
No hago esto por vosotros, casa de Israel,
sino por mi santo nombre, profanado por vosotros 

en las naciones a las que fuisteis. 

Manifestaré la santidad de mi gran nombre,
profanado entre los gentiles,
porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos. 

Reconocerán las naciones que yo soy el Señor 

—oráculo del Señor Dios—,
cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad. 

Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. 

Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios. 

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R/.: 41, 2) 

R/. Como busca la cierva corrientes de agua, 

así mi alma te busca a ti, Dios mío.


V/. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: 

¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/. 

V/. Cómo marchaba a la cabeza del grupo, cómo avanzaba hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R/. 

V/. Envía tu luz y tu verdad;
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. R/. 

V/. Que yo me acerque al altar de Dios, 

al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. R/. 

Después de la última lectura del Antiguo Testamento y su plegaria, el sacerdote canta o proclama el himno del Gloria y pronuncia la oración colecta: 

Oh, Dios,
que has iluminado esta noche santísima
con la gloria de la resurrección del Señor,
aviva en tu Iglesia el espíritu de la adopción filial, para que, renovados en cuerpo y alma,
nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

A continuación, se proclama la lectura del Apóstol, denominada Epístola. 

EPÍSTOLA 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos Rm 6, 3-11 
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más 

Hermanos:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado; porque quien muere ha quedado libre del pecado.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Por- que quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. 

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 

El salmo responsorial, llamado aleluyático, introduce el canto del Aleluya que da paso a la procla- mación del evangelio de la resurrección de Cristo. 

R/. Aleluya, aleluya, aleluya. 

V/. Dad gracias al Señor porque es bueno, 

porque es eterna su misericordia. 

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R/. 

V/. La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/. 

V/. La piedra que desecharon los arquitectos 

es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

El sacerdote proclama, a continuación, el evangelio de este día. 

EVANGELIO 
Lectura del santo evangelio según san Mateo Mt 28, 1-10 
Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea 

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajan- do del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: 

«Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. 

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: 

«Alegraos». 

Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 

Jesús les dijo: 

«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Palabra del Señor. 

El sacerdote, entonces pronuncia la homilía, con la que finaliza la liturgia de la Palabra. 

Liturgia Bautismal

Tras la homilía comienza la liturgia bautismal. Este año, de manera excepcional, se omite la bendición de la fuente bautismal y la celebración de bautismos. De esta manera, únicamente renovamos las promesas de nuestro bautismo. 

Esta tercera parte de la celebración finaliza con la oración de los fieles. 

Liturgia Eucarística

Ahora, comienza la liturgia eucarística. Se prepara el altar depositando en él el pan y el vino para la Eucaristía. Una vez terminados los ritos de la presentación de los dones, el sacerdote pronuncia la oración sobre las ofrendas. 

Acepta, Señor, con estas ofrendas
la oración de tu pueblo
para que los sacramentos pascuales que inauguramos
nos hagan llegar, con tu ayuda, a la vida eterna. 

Por Jesucristo, nuestro Señor. 

La celebración continúa con la plegaria eucarística. En ella el sacerdote da gracias a Dios por la entrega de Cristo por nosotros y la hace presente en medio del mundo repitiendo los gestos y palabras de Jesús en la Última Cena. Terminada la plegaria eucarística, continúa la celebración con el rezo del Padrenuestro y el rito de la paz. Seguidamente, el sacerdote realiza la fracción del pan y se prepara para la comunión. 

Mientras el sacerdote comulga, desde casa podemos rezar la plegaria de la comunión espiritual: 

Creo, Jesús mío,
que estás real
y verdaderamente en el cielo
y en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte
dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo
ahora sacramentalmente,
ven al menos
espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén. 

Acabada la comunión, el sacerdote, después de un breve momento de silencio, pronuncia la oración para después de la comunión. 

Oremos.
Derrama, Señor, en nosotros
tu espíritu de caridad,
para que hagas vivir concordes en el amor a quienes has saciado con los sacramentos pascuales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.