Seder

Memorial de la Cena Pascual
de Nuestro Señor Jesucristo

El Seder es la gran cena que celebran los judíos el día primero de la Pascua, donde Jesús instituyó los sacramentos de la Eucaristía y el Orden sacerdotal. «Seder» significa «orden», y es el orden que se sigue para celebrar la «Cena Pascual».

La Pascua (Pesaj: “paso” en hebrero) es el hecho más importante del Antiguo Testamento, como lo es la Cruz de Cristo en el Nuevo Testamento. En el Antiguo se rememora, la liberación física del pueblo de Israel de la esclavitud egipcia; en el Nuevo la liberación espiritual de la esclavitud del pecado ¡Muy importante! No olvidéis este paralelismo entre Antiguo y Nuevo Testamento.

Los judíos siempre celebran la Pascua en recuerdo con el «paso del Mar Rojo» y la entrada a una nueva vida de libertad. Para ellos lo esencial son dos cosas: La comida del cordero pascual y la “Haggadah” que es la recitación de la historia de la liberación de Egipto como lo expone el libro del Éxodo. Muchos simbolismos recuerdan al Mesías, al Cristo que esperaban para liberarlos.

Una parte de la liturgia, que da comienzo a la celebración, recuerda:

«Este mes será para vosotros el principal de los meses, el primer mes del año. El 10 de este mes cada uno procurará un animal para su familia. Será un animal sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre corderos y cabritos, lo guardaréis hasta el día 14 del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne asada a fuego y panes sin fermentar, y hierbas amargas. No comeréis de ella nada crudo, ni cocido en agua, sino asado a fuego, con cabeza, patas y vísceras. No dejareis restos para la mañana siguiente y, si sobra algo, lo quemaréis. […]. Este será un día memorable para vosotros, en él celebraréis la fiesta en honor del Señor, de generación en generación».

De esta cena participa toda la familia; jóvenes, ancianos y niños. Y su preparación dura varios días. Este es el motivo por el cual el pueblo judío celebra el Seder de generación en generación.

Os invitamos a hacer de la cena de este Jueves Santo tan distinto un auténtico memorial del momento en el que Jesús manifestó el amor que nos tiene a todos nosotros, regalando a sus discípulos el mandamiento del Amor “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Comienzo de la cena del Seder

Hoy nosotros, como cristianos, vamos a conmemorar la celebración del último Seder, la última cena de Jesús. Para nosotros la celebración de la Pascua va más allá. Recordamos como Jesús instaura la Eucaristía y nos preparamos para la Cruz unida siempre a la Resurrección. ¡Este año, ya que no podemos participar de los oficios plenamente, podemos hacer otro memorial de esta cena!

Los alimentos simbólicos del Seder son los siguientes:

  • Vino: Siempre presente en la cena, representa la alegría de ser libres, la vida, la fiesta, la abundancia.
  • Cordero: es el plato memorial por excelencia. Tiene que estar asado a fuego con todo, patas, vísceras, entrañas… y al menos tener un año. Puede ser cabrito (dadas las circunstancias, elijamos nuestra carne).
  • Hierbas amargas (pueden ser lechuga, apio…) Simbolizan la amargura de la esclavitud, y se aliñan con agua salada o vinagre, que recuerdan las lágrimas vertidas mientras eran esclavos en Egipto. En la Eucaristía, será la amargura del pecado del que nos ha librado Cristo.
  • Huevo duro: simboliza al pueblo de Israel, que cuantas más dificultades pasan por él, más se endurece, más fuerte se hace.
  • Jaroset: una pasta dulce, que alude a que la vida tiene momentos dulces y amargos. Esta pasta está hecha con manzana, nuez, avellana, miel, dátiles. Su color y textura recuerda a los ladrillos que elaboraban como esclavos los israelitas (podríamos cambiarla por nuestras tradicionales torrijas).
  • Pan sin levadura: por lo apresurado de la salida del pueblo (hoy en día disponemos de muchos modos de tortas de trigo -asi debería ser- o de maíz y otros cereales)..

Bendición (al comenzar la cena)

La cena judía de Pascua comienza con la primera Copa de Vino, la copa de la “alegría”. Corresponde a Dios Padre que nos lo ha entregado todo.

Guía (en la tradición judía es el padre de familia o el anfitrión):

Bendito seas, Señor Dios nuestro, Rey del universo, Tú que sacas el pan de los campos y el vino que alegra el corazón del hombre.

Amén(cantado si es posible)

Bendito seas, Señor Jesús, nuestro Salvador, has deseado con gran deseo comer la Pascua con tus discípulos antes de sufrir.

Amén(cantado si es posible)

Bendito seas, Señor Jesús, has tomado este pan en tus manos que han lavado los pies de tus discípulos para que entren resplandecientes en la sala de bodas.

Amén(cantado si es posible)

Concédenos comer este alimento que está aquí preparado, con un corazón puro, habitado por tu presencia y condúcenos hasta el banquete de tu Reino, Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén(cantado si es posible)

Todos pueden brindar y beber de la primera copa.

Lavado de manos

Símbolo de la «limpieza interior» para poder participar en el Seder; como hace el sacerdote al comenzar la Santa Misa. Ahora es cuando Jesús lavó los pies de los discípulos.

Nos lavamos las manos antes de cenar.

En este momento podría hacerse también, si no se ha hecho, el gesto del lavatorio de pies que hemos propuesto antes.

Las hierbas verdes

La comida de «hierbas verdes» (karpas), vegetales, untados en el agua salada y vinagre. Puede valernos una ensalada, va precedida de una oración:

Benditos eres Tú, oh Señor nuestro Dios, Rey del Universo, que has creado el fruto de la tierra.

Se continúa con la cena comiendo las hierbas verdes

Partición del pan

El anfitrión toma el Matzah, el pan sin levadura, símbolos del Padre, Hijo y Espíritu… lo rompe en dos pedazos, y uno lo envuelve y esconde, (¡es el “afikoman»!) símbolo del Mesías escondido; todos comerán de él.

Al partir el pan TODOS dicen:

Este es el pan de la aflicción, el pan de los pobres que nuestros padres comieron en Egipto.

Que todo el que tenga hambre venga y coma con nosotros… este año lo celebramos aquí, el año próximo en Jerusalén; ahora somos todos esclavos, el año próximo seremos todos libres.

La Haggadah

La «segunda copa» de vino es la de la «Haggadah», que consiste en contar la historia de la Pascua. Corresponde a Dios-Hijo, es la «copa de la Palabra de Dios», del Verbo, que corresponde en nuestras celebraciones a la liturgia de la Palabra (las lecturas de la Santa Misa).

Primero, un niño (el más pequeño de la casa que pueda hacerlo) pregunta:

“¿Porqué esta noche es diferente de todas las otras noches?”.

El anfitrión puede responder:

Porque hoy brota la alegría de los labios y del corazón desbordando todas nuestras ruinas y miserias, superando y venciendo todos nuestros miedos de muerte, todas las lágrimas y dolores cotidianos, sabiendo que el dolor y el sufrimiento, no tienen la última palabra… que la palabra definitiva está en una risa de Amor, en el abrazo de Dios a Jesucristo por el que lo devuelve a la vida, y una vida plena. Dios sólo nos pide acogerlo, abrirle los brazos, dejarnos hacer, creérnoslo, no dejarnos vencer por el miedo, más bien, abrazar en esperanza la alegría que nos trae la vida. El hombre está llamado a verse salvado y amado.

¿De qué te libera Dios esta noche? ¿Qué esclavitud quieres dejar atrás?

En el seder, el padre de familia contesta a la pregunta leyendo los capítulos 12-14 del Éxodo.

En estos capítulo, Dios indica a Moisés y a Aarón que cada familia debe sacrificar un cordero. Con la sangre de éste y la ayuda de un hisopo, tendrán que pintar los dinteles de sus puertas. Esta sería la señal para que, la plaga exterminadora que mataría a los primogénitos de Egipto, pasará de largo de sus hogares.

Después de este acontecimiento, el faraón llamó a Moisés y a Aarón, y dio la libertad al pueblo hebreo. Y, como se cita en la Escritura: “Tomó, pues, el pueblo la masa, antes que fermentara y, envolviendo en los mantos las artesas de la harina, se las cargaron a hombros”. Es por esta razón que se celebra la Fiesta de los Ázimos (pan sin levadura).

El pueblo hebreo viajó durante 40 años por el desierto, con el Señor al frente. Hasta que un día el Señor dijo a Moisés que acamparan junto al mar, porque iba a manifestar su gloria ante los egipcios. Para ello, endureció el corazón del faraón, el cual empezó a preguntarse: ¿Qué es lo que hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro servicio?. Tomó a su ejercito y empezó la persecución.

Cuando los israelitas vieron que los egipcios les seguían, temieron y le dijeron a Moisés: “¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto?. “

Moisés contestó al pueblo: “No temáis; estad firmes y veréis la salvación que el Señor os otorgará en este día…”.

Dios indicó a Moisés que tocara el mar con su cayado y, al momento éste se dividió dejando pasar a los israelitas. Cuando hubieron pasado, el Señor le dijo a Moisés que volviera a tocar con su cayado el mar. En ese momento el mar se cerró y los egipcios murieron ahogados.

Y viendo Israel la mano fuerte que el Señor había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo al Señor, y creyeron en el Señor y en Moisés, su siervo.

Este es el motivo por el cual el pueblo judío celebra el Seder de generación en generación. Para nosotros como cristianos, la celebración de la Pascua va más allá. Durante su última Pascua, Jesús instaura el Sacramento de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal.

Entonces todos juntos pueden proclamar este himno judío, en el que el pueblo de la Alianza rememora las maravillas del Señor y su generosidad.

Dayenu.

«Eso nos habría bastado»

!Cuántos peldaños de bondad

ha subido Dios por nosotros!

Pues si nos hubiera hecho salir del país de Egipto

y no hubiera hecho justicia con ellos,

y si hubiera hecho justicia con ellos

y no hubiera juzgado a sus dioses,

Y si hubiera juzgado a sus dioses

y no hubiera matado a sus recién nacidos;

y si hubiera matado a sus recién nacidos

y no nos hubiera dado su oro;

y si nos hubiera dado su oro

y no nos hubiera abierto el mar,

Dayenu

Y si nos hubiera abierto el mar

y no nos hubiera hecho pasar a pie enjuto por en medio;

y si nos hubiera hecho pasar a pie enjuto por en medio

y no se hubiera tragado en medio al enemigo,

y si se hubiera tragado en medio al enemigo

y no nos hubiera provisto durante cuarenta años en el desierto,

Si nos hubiera provisto durante cuarenta años en el desierto

Y no nos hubiera preparado su maná para comer;

y si nos hubiera preparado su maná para comer

y no nos hubiera dado el Sabbat

y si nos hubiera dado el Sabbat

y no nos hubiera conducido hasta el Sinaí,

Dayenu

Y si nos hubiera conducido hasta el Sinaí

y no nos hubiera dado su Tora;

y si nos hubiera dado su Tora

y no nos hubiera llevado a la tierra de Israel;

y si nos hubiera llevado a la tierra de Israel

y no nos hubiera constituido su Casa elegida,

Pero, ¡con cuántos bienes, y cuán doblados

y redoblados nos ha colmado nuestro Elohim!

Pues nos hizo salir de Egipto

e hizo justicia de ellos ;

juzgó a sus dioses,

mató a sus recién nacidos,

nos dio su oro.

Dayenu

Nos abrió el mar,

nos hizo pasar por en medio, a pie enjuto,

se tragó en medio al enemigo,

nos proveyó durante cuarenta años en el desierto,

nos preparó su maná para comer,

nos dio el Sabbat,

nos condujo al Sinaf,

nos dio su Tora,

nos llevó a la tierra de Israel

y nos construyó la Casa de su elección

en la que el Eterno cubría nuestros pecados.

Dayenu

Hay un canto del camino neocatecumenal con una letra similar, que podemos escuchar en este momento.

El memorial judío continúa con el canto de los salmos. El Gran Hallel alabando a Dios.

Podemos dar buena parte de la cena. Sin olvidar el día tan importante en el que vivimos.

Anuncio de la traición de Judas

Antes del postre convendría recordar el anuncio de la traición de Judas, para no olvidar que estamos abriendo las puertas de la Pasión incluso en este ámbito de fiesta.

Al atardecer, llegó él con los Doce. Y mientras comían recostados, Jesús dijo: “Yo os aseguro que uno de vosotros, que está comiendo conmigo, me entregará.” Ellos empezaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: “Acaso soy yo”. Él les dijo: “Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. Ciertamente el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quién el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le habría valido a ese hombre no haber nacido!

Marcos 14, 17-21

Institución de la Eucaristía

Terminada la cena, la familia bebía la tercera copa, llamada de «redención», es la copa de «consagración y comunión», donde Jesús consagra el pan y el vino, e instituye la Eucaristía y el Sacerdocio, ordenándoles a los discípulos hacer lo mismo en su memoria. Es la tercera copa, la «copa del Espíritu Santo», porque todo es hecho por obra del Espíritu Santo… ¡la copa a la Vida.

Al terminar la Cena, un niño «encuentra» el pedazo de pan que escondió el anfitrión ¡es el afikoman!, el símbolo del Mesías escondido que todos deben comer. Es el pan que el Señor consagrará y entregará dándonos en Él su cuerpo.

El anfitrión toma en la mano, lo bendice, lo parte, le da gracias a Dios, y da un pedazo a cada comensal, para que todos coman del mismo afikoman, en señal de común unión, de comunión:

«Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, que alimentas al mundo entero con tu bondad, con gracia, con cariños amables, y con tu misericordia. Tu das pan a toda carne, porque tu misericordia es eterna».

Todos contestan, con el pedazo de pan en la mano:

«Bendito eres Tú, Señor, que alimentas todas criaturas..”.

Y todos comen el pedazo de pan.

Es el momento de recordar la institución de la Eucaristía.

Un lector:

Y aquí es cuando Jesús «tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia Ti, Dios Padre todopoderoso, dando gracias lo bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros; haced esto en memoria mía» (Mt 26,29; 1Cor 11,24).

Todos brindan con la tercera copa, diciendo:

«Bendito eres, Señor nuestro Dios, Rey del Universo, que has creado el fruto del vino”.

Un lector:

Y aquí es cuando Jesús completó la institución de los Sacramentos de la Eucaristía y Sacerdocio… «acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”. (Mt 26,29; Lc 22; Mc 14,22-25; 1Cor 11,25).

Puede ser un momento especial para hacer silencio o compartir el deseo de la Sagrada Comunión que en este día no podremos recibir. Es un buen momento para realizar una comunión espiritual, aunque la hayamos hecho antes.

Creo, Jesús mío,
que estás real
y verdaderamente en el cielo
y en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte
dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo
ahora sacramentalmente,
ven al menos
espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

Fin de la cena

En la cena judía, el anfitrión envía a un niño a que mire a la puerta de la casa a ver si ha llegado el Profeta Elías, que vendrá antes del Mesías, como se profetiza en el último versículo del Antiguo Testamento (Mal 4,5).

El niño sale, y entra, diciendo:

«El Profeta Elías no ha venido”.

El anfitrión dice:

«Entonces, hasta el año próximo, que celebremos la Pascua en Jerusalén”.

Este año dadas las circunstancias todos podrían decir:

“Entonces, hasta el año próximo, que podamos volver a celebrar la Pascua con todos en la parroquia (o el templo, o la Iglesia)”.

Todos se saludan, tradicionalmente se abrazan y se desean la paz (cada familia vea el modo más correcto de expresar este momento de gozo)… y cantan gozosos un canto final.

El anfitrión da la bendición final:

Que Dios os bendiga y os guarde.

Que el Señor haga brillar su rostro sobre vosotros y os llene de su misericordia.

Que Dios mire con bondad sobre vosotros y os de la paz.

Amén