Via Crucis con los ojos de María

Via Crucis con los ojos de María

Introducción

Jesús ha muerto en la cruz, toda la humanidad lo llora en este día. Todo está en oscuridad. También nuestros corazones lo están; sin saber qué pasos dar, sin comprender, sin esperanza. En medio de este sufrimiento de la cruz, si hubo alguien que mantuvo su Fe y su Luz junto a Jesús. Esta persona es María, quien confió en la Gloria de la cruz. Ella es quien confió en la Resurrección de su Hijo.

Ella veló sin perder la fe y aun habiendo oscuridad, ella puso Luz.

Esta noche, la vela que está encendida simboliza a María a la espera de Jesús resucitado. Hoy, aquí, esta vela junto con la de las hermanas, son las únicas luces del Monasterio que permanecen encendidas sin cesar. Con esta pequeña luz queremos destacar esa confianza que la Virgen siempre tuvo y que tantas veces flaquea en nosotros. Ella dijo SI a ciegas, ella mantuvo viva su fe y confió hasta el final en Dios y en su Hijo amado.

Esta noche, velamos con María a la espera de la resurrección de Jesús. Ella nunca perdió la Fe ni la esperanza, a pesar del dolor tan profundo que sentía al ver a su hijo siendo maltratado y humillado. Ella, demostró una gran fortaleza, esperando siempre que la voluntad de Dios se cumpliera, a pesar de los puñales que sentía clavándose en su corazón al ver a su hijo sufrir.

Recorramos con María el camino al Calvario, y aprendamos de ella la fortaleza, la confianza, el abandono al padre…

Primera Estación: Jesús es condenado a muerte

Testimonio de María

Era el viernes por la mañana, cuando vi a mi hijo. Era la primera vez que lo veía desde que lo tomaron preso. Su destrozada y sangrante piel, clavó una espada de profundo dolor en mi corazón y las lágrimas rodaron por mis mejillas. Entonces, Pilatos, desde su tribunal de juez preguntó al gentío ¿por qué querían ejecutar a mi hijo? Todos a mi alrededor vociferaron ¡crucifícalo! Deseé ardientemente pedirle que parara, pero yo sabía que esto tenía que suceder, y así, me quedé de pie, llorando en silencio.

Reflexión

Madre: No soy capaz de comprender lo que sintió Tú corazón al ver lo que le hacían a tu hijo, pero, ¿qué soy capaz de dar por los demás? ¡Crucifícalo! ¿Acepto lo que el Señor tiene reservado para mí? “me quedé de pie, llorando en silencio”.

Segunda Estación: Jesús toma su cruz

Testimonio de María

Tomando un poco de nuevas fuerzas caminó junto con el gentío hasta la entrada de la plaza. Los soldados se burlaban a sus espaldas cuando la puerta se abrió con violencia. Mi hijo casi se caía. Dos hombres arrastraron una pesada cruz de madera y la echaron sobre sus espaldas. Después lo empujaron violentamente a la calle. Mi dolor al verlo fue insoportable. Hubiera querido quitarle la cruz y llevarla yo. Yo sabía que esto tenía que suceder, y así, caminé en silencio.

Reflexión

Madre: La pesada cruz que tu hijo lleva sobre su espalda, está cargada de todas las veces que me aparto de los que me necesitan, de todas las veces que hablo mal de los demás, de todas las veces que huyo de mis responsabilidades. Ayúdame a quitar peso de la cruz de tu hijo.

Tercera Estación: Jesús cae por primera vez

Testimonio de María

Seguía de cerca tras de mi hijo, mientras tambaleante se dirigía al calvario. Nada nunca me había herido tanto como verlo ahora en tanto dolor. Vi la cruz abriéndose camino en la carne de sus espaldas. Mi corazón desfalleció cuando lo vi caer de cara al suelo, con la cruz cayéndole de lleno en su espalda. Por un momento pensé que mi amado hijo estaba muerto. En ese momento todo mi cuerpo comenzó a temblar. Entonces los soldados lo patearon. Él se levantó lentamente y comenzó de nuevo su camino, a pesar de que continuaron azotándolo. Hubiera querido protegerlo con mi propio cuerpo. Yo sabía que esto tenía que suceder, y así, caminé y lloré en silencio.

Reflexión

Madre: A diferencia de Ti que solo querías proteger a tu hijo, que hubieras expuesto tu propio cuerpo para evitar su sufrimiento, ¿Cuántas veces he visto a otra gente cometer errores y me he burlado de ellos? ¿Cuántas veces me he sorprendido enojándome porque alguien piensa diferente de mí? Ayúdame María a brindar apoyo a los demás.

Cuarta Estación: Jesús se encuentra con su afligida Madre

Testimonio de María

Me abrí paso entre el gentío y caminé junto a mi hijo. Lo llamé a gritos, se detuvo. Nuestros ojos se encontraron, los míos, llenos de lágrimas y angustia; los de Él, llenos de dolor y confusión. Me sentí desesperada y entonces sus ojos me dijeron ¡ánimo!, todo esto servirá para algo. A medida que tambaleante caminaba, supe que tenía razón, y así, lo seguí y recé en silencio.

Reflexión

Madre: Al mirar directamente a tu hijo a los ojos, volviste a ver que todo el sufrimiento tenía algún motivo, ¿Cuántas veces te ha mirado a ti Jesús y tú has mirado a otro lado? ¿Cuántas veces he malinterpretado unas palabras de consuelo? Perdóname Madre, por todas las veces que por orgullo no he sido capaz de aceptar la ayuda de alguien.

Quinta Estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a cargar su cruz

Testimonio de María

Yo debería ahora verme completamente desamparada, al mirar a mi hijo tratando de cargar su pesada cruz. Cada uno de sus pasos parecía ser el último. Sentí todos sus dolores en el corazón y deseé ardientemente que todo llegara a su final. En ese momento noté un alboroto cerca de Jesús. De entre el gentío los soldados empujaron a un hombre que se resistía. Lo obligaron a tomar parte de la cruz para aligerar su peso a mi hijo. El hombre preguntó a los soldados ¿por qué tenía que suceder así? ¡Yo sabía por qué! Y así, lo seguí en silencio.

Reflexión

Madre: El sufrimiento de Jesús, todos los dolores, sus agotados pasos, eran tu propio sufrimiento, ¿Cuántas veces me he puesto en el lugar del otro para así poder comprenderlo? Te has preguntado alguna ¿Por qué tengo yo que ayudar a esta persona? María no lo duda, ella sigue a su hijo y sabía que esa ayuda llegaría.

Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Testimonio de María

A medida que seguía de cerca a Jesús, una mujer empujó a un lado a los soldados. Se quitó el velo y comenzó a limpiar el rostro sudoroso y ensangrentado de mi hijo. Los soldados la jalaron inmediatamente. El rostro de aquella mujer parecía decir: ¿Por qué hacen esto con Él? Yo lo sabía, y así, caminé en la fe, en silencio.

Reflexión

Madre: La Verónica se entregó directamente al servicio de Jesús que la necesitaba, sin importarle las consecuencias, ¿Cuántas veces nos hemos sacrificado por los demás? ¿Das cada día lo máximo de ti? María, ayúdame a entregar todo lo que tengo al servicio de los demás.

Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez

Testimonio de María

De nuevo mi Hijo cae y de nuevo mi dolor era abrumador, de solo pensar que podía morir. Comencé a caminar hacia Él, pero los soldados me lo impidieron. Él se levantó y tambaleó lentamente hacia adelante. Viendo a mi hijo caer y levantarse de nuevo y seguir, mi angustia era más amarga. Y así, sabiendo que esto tenía que suceder, caminé en silencio.

Reflexión

Madre: Tú nunca te apartas de tu hijo, no te detienes nunca, cuando más te hace sufrir, sigues ahí, a su lado y queriendo levantarle. María, ten misericordia de todos nosotros y ayúdanos a permanecer junto a Jesús, no permitas que mis pecados me aparten de Él.

Octava Estación: Jesús consuela a las piadosas mujeres de Jerusalén

Testimonio de María

Iba caminando unos pasos atrás de Jesús, cuando vi que se detuvo. Algunas mujeres estaban ahí, llorando por Él, compadeciéndose de mi hijo. Jesús les dijo que no derramaran lágrimas por Él. Ellas tuvieron la oportunidad de aceptarlo como Mesías. Como muchos otros, también ellas lo rechazaron. Les dijo que más bien derramaran lágrimas por ellas mismas, lágrimas que las llevaran a la conversión. Ellas no veían la relación entre esto y el camino de mi hijo a la muerte. Yo sí, y así, caminé y lo seguí en silencio.

Reflexión

Madre: Tú siempre nos perdonas, siempre nos tiendes la mano para que, arrepentidos, podamos volver a Tú lado, pero, ¿Solemos ver antes nuestros errores y penas, o las de los demás?

Novena Estación: Jesús cae por tercera vez

Testimonio de María

Con esta caída de Jesús comenzó la agonía para mí. No solamente cayó nuevamente en el suelo pedregoso, sino que estaba ya por llegar a la cima de la crucifixión. Los soldados le gritaron y lo maltrataron, casi hasta arrastrarlo en sus últimos pasos. Imaginando cuál sería la siguiente injuria que le harían, se me destrozó el corazón. Yo sabía que esto tenía que suceder, y así, subí al calvario detrás de Él, en silencio.

Reflexión

Madre: Tu mano siempre está tendida para todos los que la necesitan, siempre apoyando a los demás, aunque traigan su mochila cargada de problemas. ¿Cuántas veces has tendido la mano a alguien y a causarte algún inconveniente o sufrimiento te has alejado de él? María nunca te abandona “subí al calvario detrás de Él, en silencio”.

Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

Testimonio de María

Con mi hijo finalmente aligerado del peso de la cruz, pensé que podría tener oportunidad de descansar, pero los soldados comenzaron luego a arrancarle las ropas de su piel llena de sangre coagulada. El ver a mi hijo en tanto dolor me fue insoportable, y así, sabiendo que todo esto tenía que suceder, me quedé de pie, llorando en silencio.

Reflexión

Madre: Lloraste al ver como los soldados arrancaban las vestimentas de tu hijo amado, al igual que lloras cuando nos convertimos en esos soldados, que a tirones y empujones desnudamos a tu hijo haciendo comentarios sin sentido de otras personas, despojándole de dignidad a través de los prejuicios. María ayúdanos a ver a Jesús en todas las gentes.

Décima Primera Estación: Jesús es clavado en la cruz

Testimonio de María

Al tiempo que arrojaban a Jesús sobre la cruz, voluntariamente dejó que lo clavaran. Cuando agujeraron sus manos y sus pies, sentí el dolor en mi corazón. Después levantaron la cruz. Ahí estaba mi hijo, al que tanto amaba, siendo despreciado a medida que luchaba hasta los últimos momentos de su vida terrena. Yo sabía que esto tenía que suceder, y así, permanecí de pie y oré en silencio.

Reflexión

Madre: Has visto como tu único hijo ha sido crucificado, has compartido su dolor, pero sobre todo, has compartido su amor por mí. Tú y tu hijo estáis dispuestos a perdonarme tan luego me arrepienta de mi pecado. Madre, ayúdame a apartarme de la maldad.

Décima Segunda Estación: Jesús muere en la cruz

Testimonio de María

¿Qué más doloroso sufrimiento puede haber para una Madre, que ver morir a su hijo enfrente de sus ojos? Yo, que traje al mundo al Salvador y que lo vi crecer, estuve de pie, impotente bajo la cruz. Al tiempo que inclinaba su cabeza y moría, su angustia terrena había terminado, pero la mía, era más terrible que nunca, pero esto tenía que suceder y lo había aceptado, y así, permanecí de pie y sufría en silencio.

Reflexión

Madre: Ten misericordia de mí, pues tu hijo a muerto por mis pecados. Diste a luz al Salvador, sabiendo lo que tenía que suceder, lo criaste, y aceptaste lo que debía suceder, y ahora que lo has visto morir, sigues ahí a su lado. María no te alejes de mí…

Décima Tercera Estación: Jesús es bajado de la cruz

Testimonio de María

El gentío se fue. El alboroto se terminó. Yo me quedé de pie silenciosamente, con uno de los amigos de Jesús. Miré el cuerpo muerto de nuestro Salvador, mi Hijo. En ese momento, dos hombres bajaron el cuerpo de la cruz y lo depositaron en mis brazos. Un profundo dolor se apoderó de mi ser, pero al mismo tiempo sentí una profunda alegría. La vida había terminado cruelmente para mi Hijo, pero esa misma muerte trajo la vida para todos nosotros. Yo sabía que todo esto tenía que suceder, y así, oré en silencio.

Reflexión

Madre: Ahora con Jesús muerto entre tus brazos, sosteniendo las consecuencias de todos mis pecados, imploro tu perdón, pues has entregado por amor, al Salvador. Ayúdame a vivir una vida digna de Ti y de tu hijo.

Décima Cuarta Estación: Jesús es sepultado

Testimonio de María

Llevamos el cuerpo de Jesús a una tumba y yo misma lo coloqué ahí. Llorando en silencio, alegrándome en silencio, eché una mirada más a mi amado Hijo y después salí. Cerraron la tumba y antes de que me fuera pensé: Yo sabía que todo esto tenía que suceder, que tenía que suceder por ti y que tenía que esperar con fe, en silencio.

Reflexión

Madre: En tu soledad y a la espera de la resurrección de tu hijo, lo único que te pido es que viva una vida buena. Una vida digna del sacrificio que tu hijo y Tú habéis hecho por amor y no por otra razón. Quiero dejar atrás el pecado y de tu mano, María, el camino hacia Jesús se hace más fácil.

Décima Quinta Estación: Jesús resucita de entre los muertos

Testimonio de María

No podría estar más agradecida por el sacrificio de mi Hijo por nosotros. Sin embargo, que vaciedad sentí tratando de vivir sin Él a quien amaba tanto, pero solamente dos días más tarde esta vaciedad se llenó más allá de lo creíble. ¡Él había resucitado! ¡Nuestro Salvador abrió las puertas de la nueva vida! Esta es la manera como tenía que suceder, porque su amor inmortal por ti no podía detenerse ante nada. Ahora me alegraría para siempre y no en silencio.

Reflexión

Madre de nuestro Salvador Resucitado: Enséñame a ser como Tú y en mi amor a los demás, devolverle su amor. ¡Gracias! ¡Gracias por tan interminable amor que me ayuda a levantarme de mi propia maldad! “Ahora me alegraría para siempre y no en silencio”

¡Yo soy la esclava del Señor! ¡Hágase en mí, según Tu palabra!