III Domingo de Cuaresma
marzo 8
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. (Jn 4, 5-42)
La samaritana es una mujer marginada, con una baja apreciación de sí misma, y que habla con Jesús de un modo superficial, tratando de eludir su situación personal y desviando la conversación hacia la religión. Y Jesús le va a hablar con una gran ternura, haciéndole ver a la mujer que quien realmente tiene sed no es él, un caminante judío cansado del camino, sino ella, una mujer que todavía no ha conocido el don de Dios para su vida. Y de esta manera, la samaritana, en el pozo, reconociendo la verdad de su pequeñez y de su sed, va a ser ella misma desde la misericordia de Dios, y no lo que las circunstancias de marginación le empujan a ser.