IV Domingo de Cuaresma «Laetare»
marzo 15
Él fue, se lavó, y volvió con vista. (Jn 9, 1-41)
El Señor quiere abrir con su gracia nuestros ojos espirituales para así poder ver así la luz de su grandeza, sintiéndonos hijos de Dios, y ser así luz para los demás. Aprender a mirar con los ojos de la fe dejando atrás las apariencias mundanas, viviendo una vida honrada, sencilla y auténtica. Nos vemos a nosotros mismos y a los demás con los ojos misericordiosos de Dios. Y encontramos a Jesús en el rostro sufriente del pobre, del marginado, del necesitado, pues con los ojos de la fe no podemos aceptar que ningún ser humano sea condenado a la exclusión o a la marginación.