XI Domingo del tiempo ordinario
Llamó a sus doce discípulos y los envió. (Mt 9, 36-10,8)
Dios quiere hacer de la humanidad un solo pueblo unido en lo fundamental: la dignidad de ser sus hijos. Por eso Jesús siente compasión ante las muchedumbres que estaban extenuadas y abandonadas. Dice «muchedumbres», en plural, pues son varias. Y a estas muchedumbres va a enviar Jesús a sus doce apóstoles. Pero antes de enviarles, después de haberles elegido y llamado, les pide que rueguen al dueño de la mies, es decir, que oren a Dios Padre que envíe trabajadores. La oración a Dios está antes de la misión, pues esta misión no va a depender de ellos, sino que será obra de Él. Jesús enseña siempre que la oración constante está antes, pues la misión que Jesús encarga no es una misión humana en primer lugar, es la misión de Dios entre nosotros. Este será el principio y fundamento de la Iglesia.