II Domingo de Cuaresma
marzo 1
Su rostro resplandecía como el sol. (Mt 17, 1-9)
Este Jesús que conoce nuestras tentaciones se nos presenta hoy resplandeciente, para iluminarnos con su verdad. Solo desde la experiencia del silencio y de la oración podremos llegar a un verdadero conocimiento de Jesús, guiados por la gracia que se nos otorga en la vida espiritual, y que se manifiesta en la vida sacramental y de oración de su Iglesia. Contemplamos con mirada limpia el rostro transfigurado de Cristo, rostro divino de Hijo de Dios, y a la vez, rostro doliente en la cruz que se prolonga como hermano en nuestro sufrimiento y en el de nuestros hermanos. Rostro transfigurado por la luz de la resurrección, al que miramos con esperanza.