IV Domingo del tiempo ordinario
febrero 1
Bienaventurados los pobres en el espíritu. (Mt 5, 1-12a)
El proyecto de Dios para la humanidad: un pueblo pobre y humilde que sea un resto fiel. Este pueblo es la Iglesia, formada por los débiles de este mundo, por los que no cuentan. Una pobreza y una humildad que nadie nos impone, sino que la elegimos como camino que nos lleva a Dios. ¿Cómo se puede amar de esta manera? Jesús fundamenta este amor en la misericordia de Dios Padre, de quien proviene nuestra existencia. Nuestra mirada es de confianza en el amor de Dios, y en esta confianza está nuestra esperanza de una vida eterna. Que esto que contemplamos nos lleve a una vida austera compartiendo con los más necesitados.