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XXV Domingo del tiempo ordinario

septiembre 20

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20, 1-16).

La misericordia de Dios no es algo que merecemos, sino algo que acogemos con alegría y con amor hacia todos. Sabiendo que sus planes son distintos y más elevados que los nuestros. El amor de Dios, su misericordia, no genera privilegios ni ventajas, sino que es un don que Dios quiere dar a todos por igual. Si andamos buscando nuestros
méritos y nuestros merecimientos caemos en la envidia y no entendemos el Reino de Dios, que no es una meritocracia sino una gracia. Este es el sentido de esta parábola provocadora. El gran tesoro siempre será la bondad y la misericordia de Dios para con todos. Esta es la fuente de la verdadera alegría que nos abre al servicio y a la misión, despojados de toda pretensión humana

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  • Fecha: septiembre 20

Organizador

Recinto