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XXXI Domingo del tiempo ordinario

noviembre 1

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. (Mt 5, 1-12a). 

Celebramos que el amor es eterno, y que somos peregrinos guiados por la fe y llamados a la santidad con una multitud de intercesores. Buscamos el rostro de Dios, su amor misericordioso. En este Evangelio está la enseñanza más importante de Jesús: amar como Dios ama. Y esto se consigue no viendo nuestra existencia solamente a ras del suelo, preocupados y agobiados solamente por el día a día, sino orientando nuestra vida hacia Dios. Bienaventurados porque no estamos a merced de los intereses de este mundo, del poseer para ser más, del acumular para aparentar, sino al servicio del reino de Dios y su justicia.

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  • Fecha: noviembre 1

Organizador

Recinto